Canto a La Tierra Oretana

Vinos La Encomienda
LA TIERRA

La tierra madre acogedora es, pues a los vivientes nos parió la mar. De las aguas le llegamos arrastrando ahogos, antes aún de la era de los sueños, y ella, reticente, acabó por adoptarnos sobre su vientre seco que abría valles despeñando cumbres, abatiendo sierras, apagando cráteres y vertiendo arroyos. Abrió sus brazos hacia aquellas agonías que le llegaban boqueando como los peces que se ahogan en el aire; vencimos a la muerte con la fortaleza de los tímidos, y ella, reticente, al fin nos acogió en sus brazos. La tierra es una madre parricida que devora a sus hijos desvalidos y los vomita dioses.


ORETO

La tierra de Oreto es nuestra porque nosotros así lo deseamos. Le hacemos el amor cavando pozos; abriendo zanjas; deteniendo el eterno viaje de los ríos y edificando cuevas de hormigón donde podernos cobijar de la inclemencia de los vientos, mas somos parricidas que le emponzoñan las entrañas para extraer los jugos que nos niega. ¡Extraña forma de amar!
Oreto nuestra tierra es, a la domeñamos como el amante posesivo que quiere suya a la que le provoca ensueños. ¡Oreto! La de los suaves valles entre alcores; la de las bravas sierras ocultas entre encinas; la del llano infinito, preñado de pámpanas, de olivos y retamas.¡La de ruinas de incógnitos pasados!


Vinos La Encomienda
EL VINO

El vino es añil elixir de amor que brota de la tierra, nuestra Epicasta a la que engañamos con ese ramo floral de vides que acabamos por hundirle en las entrañas, pues entre los amantes siempre anda oculto algún engaño. Y algún dolor.
El vino es fluido que proviene del orgasmo de la tierra, nuestra amante; el dormir rendido de la amada que nos provoca delirios y nos duerme; el que trastoca la razón en pesadillas y la alegría en congojas. El vino es, en fin, aquello que a las más modestas criaturas transfigura en dioses.


EL VINO ORETANO

Dicen las sabias consejas que en Oreto ya se elaboraba en el tiempo de los sueños y que esta tierra fue propicia a recibir y mimar aquellas viñas que otros nos trajeron por la mar. Y así se convirtió en matrona de vinos y amante de bacos.
¡Fijaos en el horizonte, de alcores ondulado! ¿No es cierto que sus colinas se tiñen de añil en la distancia?
El vino de la tierra oretana nos invita a confesar intimidades, a escribir poemas y a delirar ensueños. Y, así, transforma en dioses a quienes lo trasiegan y en sabias deidades a quienes lo elaboran.
¡Bebamos, pues, el exquisito elixir de la copa, que nos lo ofrece como una corola abierta de amor, y comencemos a soñar!


Héctor Huertas. Valdepeñas, 28 de enero de 2016

Bodega La Encomienda

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Orissón